
COLUMNISTAS
SER MAMÁ HOY, MENOS PERFECCIÓN Y MÁS SENTIDO
POR ANDREA SANHUEZA
21 de agosto de 2025
Ser madre hoy es, en parte, ser guía de una generación que ha nacido en un planeta que pide a gritos un cambio de conciencia. No es menor que muchas de nosotras hayamos empezado a entender el “bienestar” no solo como un acto de autocuidado individual, sino también como un estado colectivo: sentirse bien también es saber que estamos haciendo lo correcto, por nosotras, por nuestras hijas e hijos y por el mundo que habitamos.
El bienestar, como muchas cosas en la maternidad, se aprende por ósmosis. Los niños no necesitan discursos, necesitan ejemplos. ¿Y qué más potente que mostrarles que cuidar el planeta también es una forma de querernos? Cuando reciclamos, cuando reparamos en vez de desechar, cuando cultivamos lo que comemos o preferimos caminar en lugar de usar el auto, no solo hacemos un gesto ecológico: hacemos una declaración de principios. Y eso educa más que cualquier manual.
Solemos pensar que hablar de sostenibilidad con los niños es complicado. Pero no tiene por qué serlo. Se puede enseñar desde lo pequeño: preparar juntos una comida con lo que hay en la despensa en vez de pedir delivery, apagar las luces, regar con agua reutilizada. Lo cotidiano también tiene poder pedagógico. Porque cuando el cuidado del entorno se vuelve parte del día a día, también se convierte en parte de su identidad.
Y al mismo tiempo, enseñarles a cuidar del mundo es enseñarles a cuidarse a sí mismos. ¿Qué relación tienen con su cuerpo? ¿Cómo entienden el descanso, la alimentación, el movimiento? ¿Pueden identificar lo que sienten? ¿Saben decir “necesito parar”? Todas esas preguntas también forman parte del bienestar. Si las integramos en su crianza, crecerán sabiendo que cuidarse no es egoísmo, sino responsabilidad.
Como mujeres, muchas veces cargamos con la sensación de tener que sostenerlo todo: la casa, el trabajo, la pareja, los hijos. Pero cuando entendemos que el bienestar no es un destino sino una práctica, y que no podemos cuidar a otros si no empezamos por nosotras mismas, algo cambia. Educar desde el bienestar y la sostenibilidad es educar con coherencia. Es decir, con el ejemplo: “yo también me detengo, yo también me priorizo, yo también elijo con conciencia”.
Hoy, más que nunca, ser mamá no es solo criar personas: es formar ciudadanos del mundo. Y ese mundo, el que les tocará habitar, empieza en casa. En lo que compramos, en lo que comemos, en cómo descansamos, en cómo tratamos al otro. El bienestar y la sostenibilidad no son conceptos ajenos o abstractos: son decisiones que se toman todos los días. Y justo ahí, es donde tenemos más poder del que creemos.