COLUMNISTAS

UN REGALO SOBRE MIS ZAPATITOS DE CHAROL

POR CAROLINA JORQUERA C.

09 de enero de 2026

Cuando era niña, la Navidad se celebraba con un árbol natural que buscábamos junto a mi papá entre los cerros. Siempre era frondoso, de un verde intenso, e inolvidable el olor a pino que invadía los espacios.

Esa noche, mi mamá nos invitaba a poner un solo par de zapatos en la ventana de nuestros dormitorios. Debían estar radiantes, bien lustrados, porque solo así el Viejito Pascuero nos dejaría el regalito que traía. Los míos siempre eran de charol.

Eran tan mágicos esos momentos que, habitualmente, los recordamos y compartimos en familia con mucha emoción. Para mí, sin duda, el mejor regalo que me han dado mis papás en Navidad es ese recuerdo, esa enseñanza y la forma en que hasta hoy la practicamos.

Lo importante nunca fue el regalo propiamente tal, sino la ilusión de prepararse para recibir ese momento y saber que, al despertar, algo habría en mis zapatitos. Y no era lo material lo esperado, sino el amor que llegaba en cada detalle. Así nos enseñaron.

Vernos juntos comiendo en una mesa frente al árbol lleno de luces y, luego, recibir el nacimiento del niño Jesús, ponerlo en el pesebre e ir a dormir esperando la visita del Viejito al día siguiente… era maravilloso.

Hoy me pregunto: ¿qué pasó? ¿Cómo y por qué ha cambiado tanto eso? ¿Cómo es que los valores y el cariño de una noche santa y especial han sido desplazados por el consumismo y los grandes regalos que, más que traer paz a nuestras vidas, nos traen caos, estrés y deudas?

Antes, lo que realmente importaba era la emoción de ser considerado, reunirse en familia, compartir una comida especial y vestirnos inmaculados, porque era una celebración con un sentido profundo: esperábamos el nacimiento de Jesús.

Hoy, si le preguntas a un niño qué se celebra el día de Navidad o qué significa, estoy segura de que muchos hablarán de Santa Claus, Papá Noel, la nieve, el “Merry Christmas” y regalos importantes como computadores, zapatillas o teléfonos.

Y si le preguntas a un adulto, probablemente solo mencionará cuán estresante resulta salir a comprar o cuánto debió endeudarse para satisfacer la infinidad de expectativas que debe cumplir. Muy pocos recordarán lo que simbólicamente nos convoca.

¿Qué nos pasó? ¿Por qué San Consumismo ha invadido nuestras vidas, apoderándose de la magia de lo simple y de lo que tiene sentido?

Siento que es momento de re enseñarnos y enseñar a los niños cuál es el sentido real de la Nochebuena.

La Navidad es una época para celebrar la unión, el amor y la generosidad. Al ser conscientes y enfocarnos en lo que trasciende y verdaderamente importa, podemos recuperar su esencia y hacer que vuelva a ser un encuentro significativo y satisfactorio para todos.

Los invito a poner sus zapatitos en la ventana y a esperar que el niño Jesús entre en sus casas. Sé que les traerá grandiosos regalos a sus vidas. Confíen.

Con cariño, Carojo

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