COLUMNISTAS

APRENDIENDO A ELEGIRME

POR PATRICIA LARRAIN

16 de marzo de 2026

Durante mucho tiempo nos enseñaron que el amor era algo que llegaba desde afuera. Que amar, especialmente en pareja, significaba aguantar, ceder y postergarse un poco… o mucho. Crecimos creyendo que el amor verdadero dolía, que requería sacrificio y que, si nos elegíamos demasiado, algo de egoísmo había en eso.

Hoy, algo cambió.

Al menos en mí.

Hoy entiendo que el vínculo más importante que estoy construyendo en la vida es el que tengo conmigo. Y no crean que ha sido fácil. Soy de entregarme mucho a los demás y, muchas veces, me dejo para el final. Más veces de las que quisiera. Pero estoy comprendiendo que, sin ese amor de base, me vuelvo frágil en aspectos que antes no lograba ver. Me pierdo, dudo más de mí y cedo espacios que hoy sé que también me pertenecen.

Elegirse no es cerrarse al mundo. No es dejar de amar. Muy por el contrario, elegirse es el acto más honesto de amor. Es empezar a tratarnos con el mismo respeto que exigimos en los vínculos y con la misma ternura que ofrecemos a quienes queremos. Es dejar de pedir permiso para ser, sentir y necesitar.

Durante años di y me entregué sin esperar nada a cambio. Pero hoy sí espero. Hoy quiero sentirme retribuida. Y no ha sido fácil. A veces incluso me permito sentir pena por esperar. Sin embargo, hoy entiendo que esperar no es debilidad, sino una señal de que empiezo a reconocer mi propio valor.

El amor consciente deja de ser una promesa y se convierte en práctica. Vive en los límites que ponemos sin culpa. En atrevernos a cambiar de entorno cuando algo ya no nos hace bien. En saber decir que no, incluso cuando incomoda, y en sostener ese no con coherencia y calma.

Siento que el amor propio se construye en lo cotidiano. En las relaciones que elegimos sostener y en aquellas que, con dolor o alivio, decidimos soltar. En cómo nos hablamos cuando algo no resulta. En cómo cuidamos nuestro cuerpo. A esta edad, ya no es solo estética. Es salud. Es futuro. Es responsabilidad con nosotras mismas.

Cuando una mujer se elige, algo se ordena. Las relaciones cambian. A veces me sorprendo a mí misma diciendo algo que antes habría callado, y me felicito en silencio. Siento que subí un escalón en el respeto hacia mí, y esa sensación me da fuerza para seguir haciéndolo desde la conciencia. Porque eso no es amar menos. Es amar mejor.

Cuando te amas, ya no mendigas afecto ni confundes intensidad con conexión. Ya no te abandonas para que otro se quede. Te vuelves hogar. Y desde ahí eliges compartir, no completar.

Elegirte no te aleja del amor.

Te acerca al único que puede sostener todos los demás.

Y hoy quiero decirte algo.

Más que ceder y postergarte, aprende a dialogar. A transmitir con cariño y firmeza lo que quieres y a preguntar al otro qué necesita de ti. Así te harás respetar, no desde la dureza, sino desde el corazón de ambos.

Siempre con humildad.

Siempre con amor.

LO MÁS

ATRÉVETE

POR MARÍA JOSÉ PEREIRA

05 de marzo de 2026