COLUMNISTAS

TRUMP VS. EUROPA

AMIGOS Y RIVALES POR GROENLANDIA

POR MARIANNE SCHMIDT

16 de marzo de 2026

Si tuviera que definir en una palabra a Donald Trump respecto de sus decisiones en política exterior, mi respuesta sería incierto. Sin embargo, hay un eje que atraviesa su actuar y resulta evidente: frenar la influencia de China en Occidente.

Trump es Trump. Políticamente incorrecto, ajeno al derecho internacional y decidido a actuar en beneficio de su país, incluso a costa de tensionar relaciones con aliados históricos o acercarse a antiguos adversarios. Ante cualquier obstáculo, recurre a la amenaza arancelaria como herramienta de presión, apoyado en su experiencia empresarial. En síntesis, es un provocador difícil de anticipar. Cuando desea algo, insiste hasta conseguirlo. Hoy, ese objetivo es Groenlandia.

A comienzos de 2026 sorprendió al mundo con la captura de Nicolás Maduro, asumiendo el control de Venezuela y su petróleo. Presiona a Colombia y México para enfrentar a los cárteles de la droga, advirtiendo que, de no hacerlo, Estados Unidos intervendrá. Cuba también está en su radar, amenazada con perder el flujo de dinero y crudo venezolano. A esto se suma su insistencia en que Ucrania firme un acuerdo con Rusia para poner fin a la guerra, un plan que favorece ampliamente al Kremlin. En Medio Oriente, continúa liderando el proceso de paz en Gaza junto a Israel, mientras amenaza con atacar Irán si el régimen del ayatolá no detiene la represión interna. Y, como ya es habitual en su retórica, vuelve a plantear que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos.

Ahora, su atención se concentra en Groenlandia, un territorio estratégico del Ártico. La isla más grande del mundo y una de las menos pobladas, con apenas 56 mil habitantes, se ubica entre América del Norte y Europa. Es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, con gobierno e idioma propios. Su capital es Nuuk.

Trump justifica su interés por razones de seguridad nacional, argumentando que, si Estados Unidos no actúa, lo harán Rusia o China. La razón geopolítica es evidente. En la isla opera la Base Espacial Pituffik, clave para la vigilancia espacial, los sistemas de alerta temprana de misiles, la defensa del Ártico y el control de rutas marítimas.

A ello se suman los recursos naturales. Groenlandia posee reservas de uranio, hierro, oro, cobre, petróleo, gas, zinc y tierras raras, fundamentales para la industria tecnológica, la transición energética y la defensa. Actualmente, cerca del 60 % de su extracción mundial está en manos de China. Además, su capa de hielo concentra entre el 7 y el 10 % del agua dulce del planeta, un recurso cada vez más estratégico en un escenario de calentamiento global.

Este anhelo ha generado el rechazo masivo de la población local, que salió a las calles gritando “¡Groenlandia no está en venta!”, y ha provocado una fuerte tensión con Europa. Dinamarca, junto a varios países europeos, reafirmó la soberanía danesa sobre la isla y defendió el despliegue militar en la zona, argumentando que no representa una amenaza.

La respuesta de Trump fue amenazar con nuevos aranceles, que podrían llegar al 25 %, y deslizar que, al no haber recibido el Premio Nobel de la Paz, ya no se siente obligado a pensar solo en la paz.

El conflicto pone en jaque a la OTAN, alianza militar creada en 1949 bajo el principio de defensa colectiva. Trump, crítico histórico del bloque por el gasto que asume Estados Unidos, sostiene que sin su liderazgo la organización no existiría y que ahora debería responder a los intereses estadounidenses. Bajo presión, los países acordaron elevar su gasto en defensa al 5 % del PIB para 2035, aunque algunos, como España, se resisten.

Al cumplirse el primer año de su segundo mandato, Trump publicó una imagen generada con inteligencia artificial en la que aparece conquistando Groenlandia junto a una bandera estadounidense. El mensaje fue explícito: “¡No hay vuelta atrás!”.

El primer ministro groenlandés respondió con firmeza que no se dejarán presionar, mientras Europa cerró filas en defensa del territorio. Macron advirtió que el mundo se encamina hacia un escenario sin reglas, donde el derecho internacional es reemplazado por la ley del más fuerte.

Si esta tensión persiste, la OTAN podría fracturarse. Y si eso ocurre, Rusia y China, junto a sus aliados, podrían dar jaque mate.

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