COLUMNISTAS
AMOR EN CONCIENCIA: ELEGIRTE ES AMAR
POR MACARENA VENEGAS TASSARA
16 de marzo de 2026
Durante años nos transmitieron una idea peligrosa: que amar era aguantar. Nos educaron en la creencia de que el amor verdadero dolía y exigía sacrificio, incluso cuando el cuerpo se tensaba y la intuición gritaba por un cambio. Nos enseñaron que amar era ceder, esperar y justificar, especialmente en las generaciones anteriores de nuestras madres y abuelas, dentro del matrimonio. En ese contexto, irse era considerado un verdadero fracaso. Sin embargo, ese relato hoy comienza a resquebrajarse.
Estamos entendiendo, a veces tarde y a veces a golpe, que el vínculo más determinante de nuestra vida es el que construimos con nosotras mismas, porque sin ese amor basal cualquier otro vínculo se vuelve dependencia disfrazada de romanticismo. Elegirse no es egoísmo, es conciencia emocional y valentía.
Este cambio de paradigma incomoda. Pasamos del amor romántico idealizado, ese que promete completarnos, a un amor consciente y real, que no salva ni rescata. Un amor que no nos exige desaparecer para pertenecer ni callarnos para sostener una relación.
Elegirse sin culpa es uno de los actos más radicales que una mujer puede hacer: poner límites cuando siempre nos enseñaron a complacer, cambiar de entorno cuando lo conocido ya no nos honra, aprender a priorizar el bienestar personal, aunque otros se molesten, y estar sola por elección, no por resignación.
Si hay algo que he aprendido a partir de mis experiencias personales es que no todo vínculo merece ser sostenido y no todas las historias deben continuar. A veces amar es retirarse a tiempo, dejar de insistir, soltar la fantasía y aceptar la realidad tal como es, sin adornos ni excusas. El amor consciente no idealiza: observa, acepta y decide.
Elegirse también implica revisar las lealtades heredadas, las creencias aprendidas y los mandatos que ya no calzan con la mujer que somos hoy. Es cuestionar el “así es el amor” cuando ese amor nos apaga, nos reduce o nos exige renuncias que duelen demasiado.
El amor propio no vive en frases bonitas ni en discursos de autoayuda —que hoy abundan en redes sociales—, sino en lo cotidiano: en la forma en que nos tratamos cuando fallamos, en cómo habitamos nuestro cuerpo sin violencia, en las relaciones que sostenemos y en aquellas que soltamos. Amar en conciencia es coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.
Y ocurre algo profundamente liberador cuando ese amor se ordena desde dentro: comenzamos a amar mejor hacia afuera. Las relaciones se vuelven más honestas, menos dependientes y más adultas. Dejamos de pedir que nos completen para empezar a compartir desde la abundancia y no desde la carencia. El amor deja de ser promesa y se convierte en práctica diaria.
Elegirte no te aleja del amor, te aleja del amor que duele. Elegirte es dejar de negociar contigo misma, dejar de traicionarte para que otros se queden. Y eso es una forma madura y valiente de amar. Porque cuando te eliges, no te cierras, sino que te vuelves disponible solo para un amor que no te exige abandonarte, sino ser, simplemente, tú misma.
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