COLUMNISTAS

TU PRIMER GRAN AMOR

POR CAROLINA JORQUERA C.

16 de marzo de 2026

Cuando leíste esta frase, ¿qué o quién fue lo primero que se te vino a la mente?

¿Tu pareja, tus hijos, tus padres, tu familia… o tú?

No me cabe duda de que, para muchas, lo primero fue pensar en otros. Jamás en ti como tu primer gran amor.

Claro, sería muy egoísta, ¿verdad? Qué poco empática… ¿cómo siquiera podría pasar por tu mente amarte a ti primero, más que a alguien importante en tu vida?

Pues quiero contarte algo: ese es uno de los errores más habituales que cometemos, especialmente las mujeres. Dejarnos siempre para el final.

Lo mejor de nosotras —nuestros esfuerzos, atenciones y tiempo— debe ser para los demás. Lo que sobra, si sobra, es para mí. Somos quienes contienen, quienes escuchan, quienes están disponibles. “Es nuestra naturaleza”, nos han dicho. Así nos enseñaron.

En mis procesos de coaching siempre pregunto:

“De las que están aquí, ¿quiénes se miran al espejo, se dan un momento y se reconocen al mirarse?”

La respuesta suele ser la misma: “No me miro”, “no tengo tiempo”, “siempre estoy corriendo”. Preparar el desayuno, dejar a los niños, responder mensajes, cumplir en la oficina, el jefe, la casa, los demás…

¿Sabías que eso también es una forma de evasión?, evasión de hacerse cargo de una misma. De aceptarse, reconocerse, quererse y sostenerse.

Elegirte, amarte y cuidarte es un acto de amor infinito y desinteresado. Es lo que te permite estar plena, feliz y disponible desde un lugar sano. Y, paradójicamente, es la única manera real de amar honestamente a otros.

Porque cuando no te eliges, entregas y pides desde la carencia: desde la necesidad de ser amada, validada o reconocida. Y amar desde ahí nubla la objetividad y te hace permitir situaciones que no mereces.

Cuando no te valoras, los demás tampoco lo harán. Créeme.

Hay una frase muy cierta que refleja todo esto: “Como te ven, es como te tratan”, y tiene que ver con cómo te muestras al mundo. Porque cómo te muestras es, en el fondo, cómo te tratas.

Si estás descuidada, sin dedicación, siempre postergándote “porque no tienes tiempo para ti”, el mensaje que se transmite —consciente o inconscientemente— es claro: “Si ella no se cuida, no se quiere… ¿por qué yo debería hacerlo?”

Tu imagen y tu actuar son el reflejo de tu interior, eres el resultado de tu historia, de cómo has vivido, de cuánto te has cuidado, de cuánto te has amado y responsabilizado de ti.

Amarte primero no es egoísmo. Es aprendizaje. Es conciencia. Es la base para amar a otros de manera real, madura y sana.

Solo se puede dar amor del bueno cuando una está en paz consigo misma. Y sanar implica tiempo, reconocimiento, cuidado, aceptación y respeto. Eso es amor propio.

Abrázate.

Acurrúcate.

Cuídate.

Valórate.

Si otros no lo hicieron, aprende. Sé consciente de que eso es lo que mereces. Trátate con amor: esa será tu fortaleza para avanzar y hacer mejores elecciones de vida. Elecciones que te acerquen a la plenitud, a la calma y a la felicidad.

¿Quién más que tú podría amarte incondicionalmente?, Definitivamente nadie más que tú.

Los demás pasan por tu vida. Tú te quedas contigo siempre.

No te abandones. Elígete. Cuídate. Respétate. Ámate.

Que cada paso que des sea para convertirte en tu mejor versión.

Porque lo que los demás vean que haces contigo, es exactamente lo que harán contigo.

Nunca lo olvides.

Con cariño, Carojo

LO MÁS

ATRÉVETE

POR MARÍA JOSÉ PEREIRA

05 de marzo de 2026