COLUMNISTAS

EL REGALO QUE NADIE ENVUELVE

POR PATRICIA LARRAIN

09 de enero de 2026

Durante mucho tiempo pensé que los regalos eran cosas que se podían tocar: algo envuelto, con una cinta linda, entregado en una fecha especial. Pero con los años descubrí que los regalos más importantes no vienen así. Llegan en silencio, en momentos simples que muchas veces pasamos por alto.

He aprendido que los verdaderos regalos no se abren: se sienten.

Están en ese abrazo de 20 segundos que aparece justo cuando lo necesitamos, en la risa que nos llena el alma, en un beso de 6 segundos, en una conversación honesta con el corazón puesto sobre la mesa, o en la oportunidad de volver a empezar cuando te caes y llega alguien lindo de alma que te eleva la autoestima.

También están en las personas que la vida trae a nuestro camino. En mi caso, uno de los grandes regalos llegó después de mi separación. No fue una historia de quiebre doloroso, simplemente un ciclo que terminó y que continúa como una amistad bonita.

Pero lo que vino después… eso sí que fue inesperado. Encontrar un amor genuino, adulto y profundo —de esos que nacen desde la calma— ha sido uno de los mayores regalos de mi vida.

Vino con su propia historia, con su risa fácil, con esa forma tan bonita de mirar la vida y de hacerme sentir como su princesa.

Mis hijas, sus hijos, nuestras dinámicas mezclándose naturalmente… es un regalo que no se puede explicar, solo agradecer. Es una relación de paz, donde nos acompañamos. No nos exige: nos sostiene.

Hay otros regalos también: los pequeños.

Un amanecer con canto de pajaritos, darse el tiempo de conversar en un café con una amiga, un mensaje en el teléfono cuando más lo necesitabas, un “¿vamos a tomar un helado?” después de un día duro. Detalles que no se compran, pero que llenan más que cualquier objeto.

Y claro, están los regalos que duelen: esos desafíos que no pedimos y que igual llegan para sacudirnos un poco. Pero incluso ahí hay aprendizaje, claridad, valentía. A veces la vida nos regala un cambio para recordarnos que todavía somos capaces de comenzar de nuevo.

Me gustaría invitarlas a mirar lo cotidiano con otros ojos. A reconocer que quizás los regalos más grandes ya están contigo. Que lo intangible, lo que no se compra, lo que no pesa y lo que no brilla, es justamente lo que más sentido nos da. Que agradecer es una forma muy linda de recibir.

Porque, al final, el mayor regalo no está en lo que llega desde afuera, sino en la manera en que elegimos amar, avanzar, sanar y abrir el corazón.

Y cuando nos atrevemos a hacerlo… la vida, de alguna forma mágica, siempre responde.

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