Pamela Anderson
VIDA & ESTILO
LA OBSESIÓN POR DETENER EL RELOJ DE LAS MUJERES
POR ARACELLY ARRIAZA
03 de junio de 2026
Hay una promesa que la industria de la belleza lleva décadas vendiéndoles a las mujeres: si compras la crema correcta, el sérum adecuado o el maquillaje perfecto, podrás retrasar el tiempo. O al menos aparentar que no pasa por ti.
La publicidad del skincare y el maquillaje rara vez habla de arrugas como una parte natural de la vida. En cambio, las presenta como un problema que debe corregirse. Las líneas de expresión se convierten en “imperfecciones”, la flacidez en una “batalla” y el envejecimiento en un enemigo silencioso al que hay que derrotar. La idea es sutil pero poderosa: envejecer está mal.
Foto: Supervision
Ese mensaje, repetido durante años, forma parte de lo que muchas especialistas llaman violencia estética: una presión constante para que las mujeres adapten su apariencia a estándares prácticamente imposibles. Y quizás una de sus consecuencias más profundas es el miedo a envejecer.
La película La Sustancia puso este tema sobre la mesa de una manera brutal. A través de una historia inquietante y exagerada, muestra algo que resulta demasiado familiar: una mujer que siente que su valor disminuye a medida que pasan los años. Aunque el filme se mueve en el terreno del horror corporal, la pregunta que plantea es muy real: ¿qué ocurre cuando una sociedad convence a las mujeres de que la juventud es su principal capital?
Foto: Beauty Concept
No es casualidad que tantas actrices hayan hablado de ello en los últimos años.
Una de las voces más contundentes ha sido la de la actriz Jamie Lee Curtis, quien ha criticado abiertamente lo que llama el complejo industrial de la belleza. Curtis ha señalado que generaciones enteras de mujeres han sido presionadas para modificar sus cuerpos y rostros en nombre de una supuesta perfección. Para ella, el problema no es una decisión estética individual, sino la idea de que una mujer debe parecer eternamente joven para seguir siendo considerada valiosa o visible.
Algo similar ha expresado Sarah Jessica Parker. La protagonista de Sex and the City ha cuestionado repetidamente el doble estándar que existe entre hombres y mujeres cuando envejecen. Mientras las canas masculinas suelen asociarse con experiencia, elegancia o atractivo, las mujeres continúan enfrentando preguntas sobre tratamientos, retoques o procedimientos para ocultar el paso del tiempo.
Foto: Getty Images
Quizás uno de los casos más simbólicos es el de Andie MacDowell. Cuando decidió dejar de teñirse el cabello y lucir sus canas, la conversación pública fue inmediata. Muchos comentarios insistían en que se veía “más vieja”. Su respuesta fue simple y reveladora: claro que se veía mayor, porque lo era. MacDowell contó que estaba cansada de intentar parecer joven y que aceptar su cabello gris la hizo sentirse más auténtica, más poderosa y más ella misma. Incluso llegó a decir que estaba cansada de tratar de ser joven porque ya había sido joven.
Foto: Getty Images
Lo interesante es que estas declaraciones llegan en un momento en que el mercado antiedad vive uno de sus mayores auges. Basta mirar cualquier campaña de skincare para encontrar palabras como “rejuvenecimiento”, “lifting”, “antiarrugas” o “edad cero”. El lenguaje parece inocente, pero transmite la idea de que cada signo de envejecimiento debe corregirse.
Por eso resultaron tan llamativas las declaraciones recientes de Victoria Beckham. La empresaria y diseñadora cuestionó directamente el concepto de “anti-aging”, calificándolo como un término negativo. Para Beckham, envejecer no debería plantearse como una guerra que hay que ganar, sino como una etapa que merece ser vivida y aceptada.
Foto: Model Team
Sin embargo, nunca antes habían existido tantos productos, tratamientos y rutinas para combatir los signos de la edad. Aunque en la práctica tampoco parecen haber sido eficientes en disminuir la ansiedad que el envejecimiento provoca en muchas mujeres, ya que siempre los estándares alcanzan nuevos límites y formar. Para el mundo, nunca será suficiente.
La industria de la belleza no inventó el miedo a envejecer, pero ciertamente ha aprendido a convertirlo en un negocio multimillonario. Cada nueva crema promete detener el reloj. Cada lanzamiento sugiere que aún queda algo por corregir. Cada campaña vende una versión más joven de nosotras mismas.
Quizás la verdadera revolución estética no consista en encontrar el próximo sérum milagroso, sino en dejar de considerar el envejecimiento como un fracaso.Después de todo, nuestra piel cuenta una historia. Y ninguna crema debería convencernos de que merece ser borrada.
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