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CIENCIA & SALUD

EL IMPACTO DE LOS ESTILOS DE APEGO EN LA VIDA DE PAREJA

POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN

10 de junio de 2026

“Necesito que me escribas más seguido”, “¿Por qué no me respondiste?”, “Siento que te estás alejando”, “Necesito espacio”. Estas frases son habituales en muchas relaciones de pareja y, aunque suelen interpretarse como simples diferencias de personalidad, detrás de ellas puede haber algo más profundo: los estilos de apego.

La psicóloga clínica, Valentina Carvajal sostiene que: “Muchas veces las discusiones de pareja no se originan por el problema aparente, sino por necesidades emocionales más profundas vinculadas a la seguridad, la confianza y el miedo a perder el vínculo.”

La teoría del apego explica que las experiencias tempranas con nuestros cuidadores influyen en la manera en que nos relacionamos con los demás durante la vida adulta. En otras palabras, la forma en que aprendimos a sentirnos seguros, queridos o protegidos puede reflejarse años después en nuestras relaciones amorosas.

Los expertos coinciden en que estos patrones no son una sentencia ni una etiqueta permanente. Por lo mismo, Valentina afirma que: “Los estilos de apego describen tendencias relacionales, no diagnósticos. Comprenderlos permite ganar libertad para elegir nuevas formas de vincularse.”

Valentina Carvajal, psicóloga clínica.

EL APEGO SEGURO: CONFIANZA Y COMUNICACIÓN

Las personas con apego seguro suelen sentirse cómodas tanto con la cercanía emocional como con la independencia. Confían en sus parejas, expresan sus necesidades de manera clara y son capaces de resolver conflictos sin interpretar cada diferencia como una amenaza para la relación.

“Aunque la seguridad emocional no implica ausencia de conflictos; implica la confianza de que el vínculo puede tolerar las diferencias sin ponerse en riesgo”, menciona Carvajal.

Consejo práctico:

  • Hablar abiertamente sobre expectativas, límites y necesidades antes de que aparezcan los conflictos ayuda a fortalecer la confianza mutua.
  • Realizar conversaciones periódicas sobre cómo se siente cada uno en la relación ayuda a detectar malestares antes de que se transformen en resentimiento.

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EL APEGO ANSIOSO: EL MIEDO CONSTANTE A PERDER AL OTRO

Quienes presentan un apego ansioso suelen vivir las relaciones con una intensidad emocional mayor. Necesitan señales frecuentes de afecto y validación, y pueden sentirse inseguros cuando perciben distancia o cambios en la conducta de su pareja.

“Para una persona con apego ansioso, la incertidumbre suele vivirse con mucho malestar. La falta de información puede sentirse como una amenaza, aunque objetivamente no lo sea”, concluye la psicóloga clínica.

Un mensaje sin responder, una llamada perdida o una salida con amigos puede convertirse rápidamente en motivo de preocupación. El temor al abandono suele estar presente, incluso cuando no existen señales objetivas de peligro para la relación.

Paradójicamente, la necesidad constante de cercanía puede generar tensión y terminar alejando a la pareja.

Consejo práctico:

  • Antes de reaccionar impulsivamente, conviene preguntarse si la preocupación surge de un hecho concreto o de una interpretación basada en el miedo. Aprender a identificar esa diferencia puede reducir conflictos innecesarios.
  • Cuando aparezca la ansiedad, intentar describir lo que se siente en lugar de acusar al otro. Decir “me sentí inseguro cuando no respondiste” suele generar más conexión que “nunca me contestas”. No es lo mismo una queja que una crítica. La queja habla de una conducta puntual que nos afectó; la crítica cuestiona a la persona. Decir ‘me dolió que no me avisaras que llegarías tarde’ abre una conversación. En cambio, decir ‘eres un desconsiderado’ suele despertar defensividad y alejamiento. Las parejas suelen comunicarse mejor cuando expresan una necesidad o una emoción que cuando lanzan una acusación. Hablar desde el ‘yo siento’ suele acercar; hablar desde el ‘tú siempre’ suele generar distancia’.

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EL APEGO EVITATIVO: CUANDO LA INDEPENDENCIA SE CONVIERTE EN BARRERA

En el extremo opuesto se encuentran las personas con apego evitativo. Suelen valorar profundamente la autonomía y pueden sentirse incómodas ante demandas emocionales intensas.

No necesariamente rechazan el amor o el compromiso, pero tienden a protegerse manteniendo cierta distancia emocional. Durante las discusiones es común que se retraigan, eviten hablar de sus sentimientos o necesiten largos períodos de espacio personal.

“Detrás de la aparente frialdad que a veces muestran las personas con apego evitativo suele haber una fuerte necesidad de autoprotección emocional, más que una falta de interés afectivo”, explica Carvajal.

Consejo práctico

  • Practicar pequeñas muestras de vulnerabilidad, como expresar preocupaciones o compartir emociones cotidianas, puede fortalecer la conexión sin generar una sensación de pérdida de independencia.
  • Pedir espacio es saludable cuando se comunica con claridad. Lo importante es acompañarlo de una referencia temporal: “Necesito un rato para pensar y seguimos hablando más tarde”.

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EL APEGO DESORGANIZADO: QUERER ACERCARSE Y ALEJARSE AL MISMO TIEMPO

El apego desorganizado combina características de los estilos ansioso y evitativo. Las personas pueden anhelar intimidad y cercanía, pero al mismo tiempo experimentar temor cuando la relación se vuelve demasiado cercana.

Esto puede traducirse en vínculos intensos, marcados por cambios bruscos entre la necesidad de afecto y el deseo de distancia. La confianza suele ser uno de los mayores desafíos.

Para la psicóloga, este estilo puede estar asociado a experiencias tempranas complejas o relaciones afectivas marcadas por la inconsistencia:  “Quienes presentan un apego desorganizado suelen experimentar un conflicto interno: necesitan al otro para sentirse seguros, pero al mismo tiempo pueden percibir la cercanía emocional como algo riesgoso.”

Consejo práctico

  • La terapia psicológica puede ser una herramienta especialmente útil para comprender estos patrones y desarrollar formas más seguras de relacionarse.
  • Aprender a identificar los disparadores emocionales propios ayuda a evitar reacciones contradictorias que terminan confundiendo y desgastando el vínculo.

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LA COMBINACIÓN QUE SUELE GENERAR MÁS CONFLICTOS

Uno de los escenarios más frecuentes en consulta es la llamada “dinámica ansioso-evitativa”.

Mientras una persona busca más cercanía, conversaciones y demostraciones de afecto, la otra siente presión y responde tomando distancia. Cuanto más insiste una, más se aleja la otra.

Valentina Carvajal considera que este tipo de relaciones funcionan como un círculo vicioso en el que ambos terminan frustrados: uno siente abandono y el otro siente asfixia: “En esta dinámica, ambos suelen confirmar involuntariamente los temores del otro: quien teme el abandono persigue más contacto, mientras quien teme perder autonomía se distancia aún más”.

Asimismo, la profesional recomienda que en lugar de discutir sobre quién tiene la razón, resulta más útil preguntarse qué necesidad emocional está intentando expresar cada uno detrás de su conducta, puesto que muchas veces las personas reaccionan de maneras que incluso nosotros mismos no entendemos del todo. “Detrás de una exigencia de atención puede haber miedo a ser dejado de lado; detrás del silencio o la necesidad de distancia puede haber temor a sentirse invadido o rechazado. Cuando logramos mirar la vulnerabilidad que hay debajo de la conducta, la conversación cambia por completo”, reflexiona.

En el fondo, la conducta problemática no es el problema, sino la estrategia que la persona aprendió para proteger una herida emocional. “En terapia solemos observar que detrás de las conductas que más conflicto generan en una pareja hay necesidades emocionales legítimas que no están encontrando una forma clara de expresarse. Cuando la pareja logra ver la vulnerabilidad detrás de la reacción, disminuyen las acusaciones y aumenta la comprensión mutua”, manifiesta Carvajal.

¿SE PUEDE CAMBIAR EL ESTILO DE APEGO?

Para Valentina, la respuesta es sí. Aunque los estilos de apego suelen desarrollarse durante la infancia, no son inmutables: “La experiencia de una relación segura y consistente puede convertirse en una oportunidad de reparación emocional. Nunca es tarde para aprender nuevas formas de vincularse”.

Las relaciones sanas, el trabajo personal, la terapia psicológica y la práctica de una comunicación más consciente pueden favorecer lo que los especialistas llaman “seguridad adquirida”: la capacidad de construir vínculos más equilibrados incluso cuando existen inseguridades previas.

Reconocer los propios patrones es el primer paso. El segundo consiste en desarrollar nuevas formas de relacionarse.

Porque más allá de las etiquetas, comprender el apego no busca explicar por qué una relación fracasa, sino ofrecer herramientas para que las personas puedan construir vínculos más saludables, estables y satisfactorios.

“Cuando entendemos que muchas de nuestras reacciones afectivas tienen una historia, dejamos de verlas como defectos personales y comenzamos a transformarlas en oportunidades de crecimiento”, enfatiza la profesional.

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