CIENCIA & SALUD

EL PRECIO INVISIBLE DEL HATE:

CÓMO LAS REDES SOCIALES ESTÁN AFECTANDO NUESTRA SALUD MENTAL

POR ARACELLY ARRIAZA

06 de agosto de 2026

Un comentario. Un clic. Cero costos, cero consecuencias, para quien lo escribe. Pero del otro lado de la pantalla, hay una persona real que lo lee, lo relee y a veces no logra sacárselo de la cabeza por días.

Basta con abrir Instagram, TikTok o cualquier red social para toparse con ellos: los haters. Usuarios —muchas veces anónimos— que dedican su tiempo a criticar, ridiculizar o directamente insultar publicaciones ajenas. No es un fenómeno nuevo, pero sí uno que se ha intensificado, y que hoy preocupa cada vez más a psicólogos y especialistas en salud mental.

ODIAR SIN COSTO: LA LÓGICA DEL HATE DIGITAL

La Real Academia Española define el odio como la antipatía y aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea. Ese concepto, que existe desde siempre, encontró en las redes sociales un terreno fértil para expandirse a través de agresiones verbales, comentarios violentos e incluso amenazas.

Y es que criticar, burlarse o degradar a otra persona en internet se ha vuelto tan fácil como dar un clic. No exige pensar, ni justificar, ni —la mayoría de las veces— enfrentar ninguna consecuencia. Comentar con odio sale gratis: no cuesta dinero, no requiere empatía y rara vez trae una sanción real. Esa dinámica golpea con especial fuerza a influencers y figuras públicas, porque mientras más se exponen, más habilitado parece sentirse el juicio cruel del público.

El odio en redes, además, no solo se expresa en palabras agresivas. También se aplaude. Un comentario violento se multiplica con cada me gusta, cada repost o cada silencio cómplice de quienes lo leen y no dicen nada. Muchas veces, lo que más circula en estos espacios es justamente lo que más hiere, y el sufrimiento ajeno termina transformándose en contenido de consumo, sin que nadie se detenga a pensar en quién está del otro lado.

EL IMPACTO PSICOLÓGICO: ESTAR EXPUESTAS TODO EL TIEMPO

Paulina Lucherini, psicóloga de Clínica Las Condes, explica que este tipo de conductas de odio y desprecio en redes sociales aumentaron con fuerza durante los períodos de mayor aislamiento social, principalmente porque las personas dejaron de contar con espacios para conversar y procesar lo que les ocurría junto a otros. Esa falta de regulación emocional compartida, según la especialista, hizo crecer las expresiones de ansiedad y las conductas depresivas.

Lo ideal sería simplemente ignorar lo que otros dicen en internet, pero la realidad es que a muchas personas sí les afecta, y mucho. La razón es simple: hoy vivimos ultraconectadas, y frente a un comentario negativo nos sentimos expuestas, aunque ni siquiera sepamos quién está detrás de esas palabras. Eso —dice Lucherini— es parte de lo complicado del fenómeno: no siempre tenemos conciencia de lo delicado que puede ser un comentario, y en un mundo hiperconectado, ese comentario puede afectar profundamente a quien lo recibe.

Desde la psicología también se ha empezado a hablar de vulnerabilidad emocional en redes: los mensajes de odio digital suelen dirigirse justamente hacia quienes expresan fragilidad, piensan distinto o pertenecen a grupos que ya cargan con algún tipo de estigma. Y aunque este tipo de violencia no deja marcas físicas, sí impacta de lleno en la salud mental, en gran parte porque el anonimato y la lógica de la viralidad facilitan que se propague sin freno.

LA “BURBUJA DE LA MELANCOLÍA”: CUANDO EL ALGORITMO ALIMENTA EL MALESTAR

Hay un fenómeno particular que ayuda a entender por qué el hate puede volverse tan difícil de esquivar: la investigadora Graciela Padilla-Castillo lo bautizó en 2023 como la “burbuja de la melancolía”. Se trata de un entorno digital en el que las personas, sobre todo aquellas que atraviesan momentos de fragilidad emocional, quedan envueltas en una secuencia constante de contenidos tristes, pesimistas o dañinos.

El motivo es la manera en que funcionan los algoritmos: las plataformas organizan lo que nos muestran según lo que miramos, comentamos o compartimos. Entonces, cuando alguien interactúa con publicaciones negativas, en vez de equilibrar el contenido con algo más liviano, el sistema empieza a mostrar más de lo mismo. Con el tiempo, se arma un círculo repetitivo que refuerza el malestar, y cada vez aparecen menos mensajes capaces de ofrecer alivio o contención.

Este mecanismo está emparentado con el concepto de “filtro burbuja”, que el activista Eli Pariser planteó en 2017 para describir cómo cada persona termina rodeada de información que coincide con sus gustos e ideas previas, lo que reduce su exposición a otras miradas. Ese mismo principio, pensado originalmente para la información política, también opera en el plano emocional: cuando alguien interactúa con contenido triste o vinculado al malestar psicológico, el algoritmo repite ese patrón una y otra vez, y termina aislando en lugar de informar.

¿QUÉ HACER FRENTE AL HATE?

No existe una fórmula única, pero sí hay pistas. Para Lucherini, la clave está en fortalecer los vínculos con las personas cercanas —familia, amistades, incluso una comunidad de seguidores genuina— porque ese apoyo, contención y cercanía son justamente lo que amortigua el impacto de un comentario cruel. El autocontrol también juega un rol importante, tanto al momento de publicar como al momento de responder.

Desde una mirada más social, el desafío también pasa por repensar el tipo de comunidad digital que estamos construyendo. ¿Qué significa que el dolor ajeno se haya convertido, para muchos, en una forma de entretenimiento? La pregunta no es solo cómo evitar ser blanco del hate, sino también cómo empezar a habitar las redes de una manera más empática, donde una palabra no sea sinónimo de herida, sino un puente hacia la comprensión del otro.

LO MÁS

ATRÉVETE

POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN

06 de agosto de 2026