CIENCIA & SALUD
¿ADIÓS AL ALCOHOL? LA NUEVA RELACIÓN DE LOS JÓVENES CON LA ANSIEDAD
POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN
21 de agosto de 2026
Cada vez más jóvenes cuestionan el papel que el alcohol ocupa en sus vidas y buscan nuevas formas de manejar el estrés y la ansiedad. Pero mientras la conversación sobre salud mental crece, también aparece una preocupación: el riesgo de convertir los medicamentos en el nuevo “atajo” para sentirse bien.
Durante décadas, una copa fue presentada como la fórmula socialmente aceptada para relajarse, perder la timidez o desconectarse después de un día difícil. Hoy, para una parte de las nuevas generaciones, esa idea comienza a perder fuerza.
Los números muestran el cambio. Según datos recopilados por Gallup, la proporción de adultos menores de 35 años en Estados Unidos que afirma beber alcohol pasó de 72% entre 2001 y 2003 a 62% entre 2021 y 2023. La tendencia coincide con una generación que presta mayor atención al sueño, la salud física y el bienestar emocional.
Pero existe otra cara de esta transformación: la ansiedad ocupa cada vez más espacio en la conversación cotidiana.
Los datos más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) indican que uno de cada cinco jóvenes reportó síntomas de ansiedad entre 2021 y 2023. Entre los adultos, además, cerca de uno de cada cinco había recibido alguna vez un diagnóstico de un trastorno de ansiedad.
DEL “HAPPY HOUR” AL AUTOCUIDADO
Para entender este cambio hay que mirar más allá de las bebidas. La generación Z ha convertido conceptos como terapia, self-care, descanso y salud mental en parte de su lenguaje cotidiano.
El alcohol, en ese contexto, empieza a verse de otra manera. La resaca, la alteración del sueño y la sensación de perder el control pueden pesar más que el atractivo de beber para socializar. De ahí el crecimiento de movimientos como sober curious, que promueven experimentar con períodos sin alcohol sin necesariamente asumir una identidad de abstinencia.
Pero reducir el consumo de alcohol no significa necesariamente que la necesidad de relajarse desaparezca.
CUANDO LA PASTILLA PARECE LA SOLUCIÓN RÁPIDA
Aquí aparece un terreno mucho más delicado. Algunas personas recurren a medicamentos contra la ansiedad —especialmente aquellos con efectos sedantes— para afrontar situaciones que les generan angustia, estrés o incomodidad social.
Los datos disponibles muestran que el uso indebido de estos medicamentos no es un fenómeno menor. Según cifras de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de EE.UU. (SAMHSA), 2,4% de los jóvenes de entre 18 y 25 años —unos 787.000— utilizaron indebidamente benzodiacepinas de prescripción durante 2021.
Esto no significa que los jóvenes estén masivamente sustituyendo el alcohol por ansiolíticos. Sí evidencia que existe un grupo que utiliza estos medicamentos de una manera distinta a la indicada por un profesional.
Y ahí está la diferencia fundamental.
Los medicamentos para la ansiedad pueden ser una herramienta médica importante cuando están correctamente indicados, pero no están diseñados para convertirse en una especie de “pastilla para salir de fiesta” o para eliminar rápidamente cualquier sensación de incomodidad.
UNA COMBINACIÓN QUE PUEDE SER PELIGROSA
Además, existe una regla que no debería perderse de vista: alcohol y determinados medicamentos para la ansiedad no son una combinación segura.
Los CDC advierten que mezclar alcohol con ciertos fármacos, entre ellos las benzodiacepinas, puede provocar efectos graves porque ambas sustancias deprimen el sistema nervioso central.
La preocupación no es menor. Un análisis publicado por los CDC sobre visitas a servicios de urgencias relacionadas con benzodiacepinas encontró que, entre los casos asociados al uso no médico, más de la mitad correspondían a personas de entre 15 y 34 años. Además, el 82,7% involucraba el consumo simultáneo de otras sustancias, incluido alcohol.
LA VERDADERA REVOLUCIÓN PODRÍA SER OTRA
Quizás el cambio más interesante no sea que una generación esté pasando de una sustancia a otra, sino que está comenzando a cuestionar por qué necesita una sustancia para sentirse cómoda, relajada o socialmente segura.
La reducción del consumo de alcohol puede ser una señal positiva. Pero también abre una conversación más profunda: si la ansiedad se ha convertido en una parte tan presente de la vida cotidiana, la respuesta no debería limitarse a encontrar algo que la silencie.
Porque el verdadero autocuidado no consiste simplemente en cambiar una copa por una pastilla. Consiste en encontrar herramientas —desde la terapia y el acompañamiento profesional hasta hábitos de sueño, ejercicio y redes de apoyo— que permitan vivir con mayor bienestar sin depender de una solución rápida.
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ATRÉVETE
POR MARÍA TERESA ECHEVERRÍA