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MUERE YAYOI KUSAMA, LA REINA DE LOS LUNARES

POR ARACELLY ARRIAZA

27 de agosto de 2026

Yayoi Kusama murió a los 97 años, dejando atrás una de las carreras más singulares e influyentes del arte contemporáneo. La artista japonesa falleció el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio, según informó su sitio oficial, y la noticia fue dada a conocer este jueves.

Pero hablar de Kusama es hablar, inevitablemente, de lunares.

Puntos grandes, pequeños, blancos, rojos, amarillos o negros. Repetidos hasta el infinito, sobre lienzos, esculturas, instalaciones, objetos y también prendas de vestir. A lo largo de décadas, los lunares se convirtieron en mucho más que un recurso artístico: fueron el lenguaje con el que Kusama construyó un universo propio.

La artista comenzó a pintar desde niña y desde temprana edad utilizó la repetición de lunares y redes como uno de los motivos centrales de su obra. Con el tiempo, esas formas pasaron de sus pinturas a ocupar espacios completos, creando la sensación de que el espectador estaba inmerso dentro de un universo sin principio ni final.

DE LAS GALERÍAS A LA MODA

La influencia de Kusama no se quedó en los museos. La artista también tuvo una relación directa con la moda mucho antes de que sus colaboraciones con grandes marcas la transformaran en un fenómeno global.

En 1968 creó Kusama Fashion Company Ltd., llevando su estética experimental a la ropa y los accesorios. Sus diseños, al igual que sus obras, desafiaban las convenciones de la época y utilizaban los lunares como un elemento recurrente. Sus prendas llegaron a venderse en cientos de tiendas y boutiques estadounidenses.

Décadas después, su universo llegó a las grandes casas de moda y a la cultura popular. Su colaboración con Louis Vuitton consolidó una relación entre arte y moda que convirtió sus característicos puntos en un fenómeno reconocible incluso para quienes nunca habían visitado una galería.

Así, Kusama logró algo poco habitual: que una obra artística pudiera identificarse a primera vista y que su estética pudiera trasladarse directamente al vestuario.

LOS LUNARES VUELVEN A SER PROTAGONISTAS

Y aunque el nombre de Kusama está indisolublemente ligado a los puntos, hay que hacer una precisión: la artista no inventó los lunares en la moda. El estampado existe desde mucho antes y ha tenido múltiples momentos de popularidad a lo largo de la historia.

Lo que sí hizo Kusama fue llevar el punto a otra dimensión. Lo convirtió en repetición, obsesión, identidad y, finalmente, en una poderosa declaración estética.

Y quizás por eso resulta tan interesante mirar la moda actual tras su muerte.

En 2026, los lunares vuelven a estar en todas partes. Pasarelas, celebridades, street style y redes sociales han recuperado el estampado, que aparece tanto en versiones clásicas como en propuestas mucho más atrevidas. The Guardian incluso describió este año cómo los puntos están desplazando a las tradicionales rayas como uno de los grandes protagonistas visuales de la moda.

En las colecciones de primavera-verano 2026, firmas como Khaite, Altuzarra, Carolina Herrera y Dries Van Noten apostaron por los polka dots, demostrando que el estampado puede pasar de lo romántico a lo sofisticado y de lo femenino a lo completamente vanguardista dependiendo de su tamaño, color y combinación.

Es precisamente ahí donde aparece la conexión con Kusama.

DEL CLÁSICO AL MAXIMALISMO

Los lunares tienen una ventaja que pocos estampados consiguen: pueden cambiar completamente de personalidad.

Un pequeño polka dot sobre una blusa blanca puede remitir a una estética clásica y elegante. Un vestido negro con puntos blancos puede sentirse retro y sofisticado. Pero cuando los puntos crecen, se multiplican o aparecen en colores intensos, la referencia cambia inmediatamente hacia algo más experimental.

Ese juego entre lo reconocible y lo inesperado es parte de la herencia visual que Kusama ayudó a instalar.

Su obsesión por la repetición llevó el punto a cubrir superficies completas y a borrar, visualmente, los límites entre un objeto y su entorno. En sus instalaciones, los lunares dejan de ser decoración y pasan a convertirse en una experiencia.

Y esa misma idea explica por qué su estética funciona tan bien en la moda: un solo punto puede ser un detalle; cientos de puntos pueden convertirse en una identidad.

EL LEGADO DE UNA MUJER QUE HIZO DEL PUNTO UN UNIVERSO

Yayoi Kusama fue mucho más que la artista de los lunares. Su obra atravesó la pintura, la escultura, las instalaciones, la performance, la literatura y la poesía. Sus famosas Infinity Mirror Rooms, sus calabazas y sus instalaciones inmersivas la transformaron en una de las figuras más reconocibles del arte contemporáneo.

Sin embargo, quizás uno de sus mayores logros fue demostrar que una idea aparentemente sencilla podía convertirse en un universo completo.

Un punto. Otro punto. Y otro.

Hasta que ya no hay un punto aislado, sino una superficie entera, una habitación, una prenda, una identidad.

Hoy, mientras los polka dots vuelven a instalarse entre las tendencias de moda, el universo de Kusama adquiere una nueva lectura. Los lunares siguen ahí, saltando del arte a las prendas y de las pasarelas a las calles.

Yayoi Kusama ya no está, pero sus puntos siguen apareciendo en todas partes. Y quizás esa sea una de las formas más visibles de entender que algunas tendencias dejan de ser tendencias para convertirse en legado.