MODA

JOHN GALLIANO: ENTRE EL GENIO Y LA CONTROVERSIA

POR ARACELLY ARRIAZA

03 de septiembre de 2026

El diseñador que convirtió la moda en espectáculo, revolucionó Dior y encontró una segunda oportunidad en Maison Margiela acaba de quedar fuera de la celebración que parecía consagrar su legado. La cancelación de su exposición en el Met reabre una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar la admiración por una obra cuando su creador tiene un pasado imposible de ignorar?

Durante décadas, John Galliano ha sido sinónimo de fantasía. Nacido en Gibraltar y formado en Central Saint Martins, el diseñador británico construyó una carrera marcada por la teatralidad, la extravagancia y una capacidad casi narrativa para contar historias a través de la ropa. Pasó por Givenchy y, en 1996, llegó a Christian Dior, donde transformó las pasarelas en auténticos espectáculos y devolvió a la alta costura una dimensión de fantasía que parecía perdida. Más tarde, entre 2014 y 2024, asumió la dirección creativa de Maison Margiela, donde volvió a demostrar que su imaginación seguía siendo una de las fuerzas más singulares de la moda contemporánea.

Precisamente por la magnitud de ese legado, el anuncio de John Galliano: Horizons había despertado enorme expectativa. El Costume Institute del Metropolitan Museum of Art había previsto dedicarle su exposición de primavera de 2027, convirtiendo su trayectoria en el centro de la próxima conversación alrededor de la Met Gala. Pero la elección también provocó una fuerte reacción debido a los comentarios racistas y antisemitas que Galliano realizó en 2011, episodio que terminó con su salida de Dior y una condena en Francia.

El contexto volvió la decisión todavía más delicada: la exposición estaba programada para abrir en mayo de 2027, coincidiendo con Yom HaShoah, el Día de Conmemoración del Holocausto. La presión de organizaciones, líderes comunitarios, figuras públicas y miembros vinculados al museo intensificó el debate. Finalmente, Galliano decidió retirarse del proyecto. En su declaración reconoció nuevamente el daño causado por sus palabras y explicó que no quería que una exposición dedicada a su trabajo provocara dolor ni se convirtiera en una distracción para el Met. El museo confirmó posteriormente la cancelación de Horizons y anunció que presentará un nuevo proyecto para 2027.

LOS LOOKS QUE HICIERON HISTORIA

Entender por qué el nombre de Galliano llegó hasta las salas del Met exige volver a su obra. Su carrera está poblada de imágenes que ayudaron a definir la moda de las últimas décadas.

En 1996, la princesa Diana apareció en la Met Gala con un vestido lencero azul marino de Dior diseñado por Galliano, en una de las imágenes más memorables de aquella época. Un año después, Nicole Kidman llevó a los Oscar un vestido amarillo chartreuse de Dior, una creación que se convirtió en uno de los grandes momentos de la historia de la alfombra roja y ayudó a consolidar la idea de que la alta costura podía convertirse en parte del espectáculo de Hollywood.

Después llegaría Céline Dion en los Oscar de 1999, con el célebre esmoquin de Dior llevado al revés: una provocación estilística que resumía perfectamente la personalidad creativa de Galliano. Y, entre sus propuestas más reconocibles, permanece el vestido de periódico de Dior, una pieza que llevó la estética de sus desfiles a la cultura popular y que años después sería inmortalizada por Sarah Jessica Parker en Sex and the City.

Pero quizás su regreso más importante ocurrió mucho después. En Maison Margiela Artisanal 2024, Galliano presentó una colección que fue recibida como una demostración de que su capacidad para transformar la ropa en fantasía seguía intacta. Después de años de controversia y reconstrucción personal, aquella colección volvió a situarlo en el centro de la conversación creativa de la moda.

¿PODEMOS SEPARAR AL ARTISTA DE SU OBRA?

Y ahí aparece la pregunta que permanece después de la cancelación: ¿qué hacemos con una obra extraordinaria cuando el artista que la creó también forma parte de una historia dolorosa?

La respuesta no parece sencilla. Ignorar la importancia de Galliano en la moda sería borrar una parte fundamental de la historia reciente de la disciplina. Pero convertir su trayectoria en una celebración sin mencionar los hechos de 2011 también implicaría contar una historia incompleta.

Existe una diferencia entre estudiar una obra y homenajear a su creador. Un museo puede contextualizar, cuestionar y analizar una trayectoria sin necesariamente convertirla en una absolución. El problema, en el caso de Horizons, estaba precisamente en la naturaleza celebratoria del proyecto: no se trataba solamente de estudiar a Galliano, sino de colocarlo en el centro de una de las plataformas culturales más prestigiosas de la moda.

Quizás por eso la decisión de retirarse resulte tan significativa. Galliano no desaparece de la historia de la moda. Sus vestidos continúan en los archivos, sus desfiles siguen siendo estudiados y sus imágenes forman parte del imaginario colectivo. Lo que queda en discusión es cómo debemos mirar ese legado.

Porque reconocer el talento no obliga a olvidar el daño. Y recordar el daño tampoco significa negar el talento.

En una industria acostumbrada a convertir a sus diseñadores en personajes, Galliano plantea una pregunta mucho más incómoda que cualquier tendencia: ¿podemos admirar lo que alguien creó sin convertir esa admiración en una absolución de quien lo creó? Tal vez la respuesta no consista en separar al artista de su obra, sino en aprender a mirar ambas cosas al mismo tiempo.

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