CIENCIA & SALUD

MULTITASKING: ¿REALMENTE SOMOS CAPACES DE HACER VARIAS COSAS A LA VEZ?

POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN

02 de octubre de 2026

¿Cuántas cosas estás haciendo mientras lees esto? Quizás tienes una pestaña abierta, el celular al lado y alguna notificación esperando respuesta. Vivimos acostumbradas a dividir nuestra atención entre distintas tareas, como si hacer más cosas al mismo tiempo fuera la definición de productividad. Pero nuestro cerebro podría tener una opinión muy diferente.

El multitasking se convirtió casi en una habilidad que presumimos tener. Ser capaz de hacer muchas cosas al mismo tiempo parece sinónimo de productividad, organización e incluso de tener “buena cabeza”. Pero nuestro cerebro tiene sus propios límites.

La investigación en psicología cognitiva muestra que, cuando dos tareas requieren atención y control mental, hacerlas simultáneamente suele tener un costo. En muchas situaciones, lo que llamamos multitarea es en realidad un cambio rápido entre actividades.

EL CEREBRO NO CAMBIA DE TAREA GRATIS

Imaginemos algo muy cotidiano: estamos escribiendo un correo y aparece una notificación en el teléfono. Miramos el mensaje, respondemos rápidamente y volvemos al correo.

Parece que solo perdimos unos segundos. Sin embargo, nuestro cerebro tuvo que abandonar una actividad, orientar la atención hacia otra y después recuperar el contexto de la primera. Este fenómeno se conoce como “switching cost” o costo de cambio de tarea.

Los estudios sobre cambio de tareas muestran que, después de pasar de una actividad a otra, las respuestas pueden volverse más lentas y aumentar los errores. El costo suele ser mayor cuando las tareas son complejas o poco familiares.

El problema es que estas pequeñas interrupciones se acumulan. Una notificación no parece importante; veinte a lo largo de una mañana pueden cambiar completamente la forma en que trabajamos.

¿ENTONCES NUNCA PODEMOS HACER DOS COSAS A LA VEZ?

No exactamente. Hay actividades que pueden combinarse con relativa facilidad, especialmente cuando una de ellas es automática o requiere muy poca atención consciente.

Caminar mientras escuchamos música es un buen ejemplo. También podemos realizar algunas tareas domésticas mientras conversamos. La dificultad aparece cuando dos actividades compiten por los mismos recursos de atención.

Por eso, no se trata de decir que el cerebro sea incapaz de hacer dos cosas, sino de entender qué tipo de cosas estamos intentando hacer simultáneamente.

EL VERDADERO PROBLEMA: SENTIR QUE ESTAMOS SIENDO PRODUCTIVAS

Quizás lo más interesante del multitasking no es que nos distraigamos, sino que muchas veces sentimos que estamos aprovechando mejor el tiempo.

Responder un mensaje mientras hacemos otra tarea puede dar la sensación de que estamos avanzando en dos frentes. Pero cada cambio implica cierto trabajo mental: recordar dónde estábamos, qué estábamos haciendo y qué debemos hacer a continuación.

Pero es innegable que nuestros teléfonos llevaron esta lógica a otro nivel. Ya no tenemos que esperar a terminar una actividad para pasar a la siguiente: las notificaciones aparecen en medio de una conversación, un correo interrumpe una película y una vibración puede sacarnos de una tarea en cuestión de segundos.

La atención, además, no funciona como un interruptor perfecto. Cuando volvemos a una actividad después de una interrupción, necesitamos recuperar el hilo y volver a activar las reglas mentales asociadas a esa tarea.

Por eso, incluso cuando pensamos que “solo voy a mirar un segundo”, nuestra atención puede tardar más en volver completamente a lo que estábamos haciendo.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

La respuesta no necesariamente es vivir sin teléfono ni intentar concentrarnos durante horas sin interrupciones. Más bien, se trata de elegir cuándo vale la pena cambiar de tarea y cuándo conviene proteger nuestra atención.

Una estrategia sencilla es agrupar actividades similares: responder mensajes en determinados momentos, revisar el correo por bloques y dejar las notificaciones desactivadas mientras realizamos una tarea que requiere concentración.

También ayuda reservar algunos momentos del día para hacer una sola cosa. Leer, conversar, comer o incluso tomar un café sin mirar simultáneamente otra pantalla puede parecer poco productivo, pero justamente permite que la atención permanezca en una actividad.

La capacidad de cambiar de tarea también es necesaria. La flexibilidad cognitiva nos permite adaptarnos cuando las circunstancias cambian; el desafío está en encontrar un equilibrio entre saber cambiar de foco y saber mantenerlo.