CIENCIA & SALUD
EL EFECTO DE LA NATURALEZA EN EL CEREBRO: POR QUÉ SALIR A CAMINAR PUEDE CAMBIAR CÓMO NOS SENTIMOS
POR ISIDORA LAURENT
02 de octubre de 2026
Hay días en que todo parece suceder al mismo tiempo: mensajes que responder, reuniones, pendientes, ruido, pantallas y una lista de cosas que todavía quedan por hacer. En medio de esa sensación de saturación, salir a caminar puede parecer una solución demasiado sencilla. Sin embargo, cambiar por unos minutos el escritorio, el auto o el celular por un espacio verde podría tener efectos concretos sobre cómo nos sentimos y cómo funciona nuestra atención.
No se trata de que caminar entre árboles sea una fórmula mágica para resolver el estrés cotidiano. Pero una creciente cantidad de investigaciones sugiere que el contacto con ambientes naturales puede favorecer la recuperación frente al estrés y la fatiga mental.
UN DESCANSO PARA UNA MENTE QUE ESTÁ SIEMPRE ALERTA
Una de las explicaciones que estudia la ciencia es la llamada teoría de la restauración de la atención. La idea es que nuestra capacidad de mantener la atención dirigida —por ejemplo, concentrarnos en una tarea mientras ignoramos distracciones— es limitada y puede fatigarse.
Los ambientes naturales podrían ayudar a recuperar parte de esa capacidad porque, a diferencia de muchas situaciones urbanas o digitales, ofrecen estímulos que captan nuestra atención de una manera menos exigente. El movimiento de las hojas, el sonido del agua o la variedad de un paisaje permiten observar sin tener que responder constantemente a algo.
Una revisión sistemática encontró evidencia de mejoras, aunque generalmente pequeñas a moderadas, en aspectos como la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva después de exponerse a entornos naturales.
MENOS ESTRÉS, MÁS SENSACIÓN DE BIENESTAR
El efecto tampoco parece limitarse a la concentración. La exposición a espacios naturales se ha relacionado con menores niveles de estrés percibido y con cambios en algunos indicadores fisiológicos asociados a la respuesta de estrés.
Y hay investigaciones recientes que permiten mirar este fenómeno con mayor detalle. En un ensayo clínico publicado en 2026, 80 personas realizaron una caminata de 30 minutos en un entorno de bosque urbano o permanecieron en un ambiente interior. El grupo que caminó al aire libre mostró mayores mejoras en atención y estado de ánimo, además de una reducción más marcada del cortisol salival y cambios favorables en la variabilidad de la frecuencia cardíaca.
En otras palabras, el cuerpo también parece registrar el cambio de escenario.
CAMINAR NO ES LO MISMO QUE SIMPLEMENTE ESTAR AFUERA
Aquí aparece un detalle interesante. No se trata únicamente de salir de casa: la experiencia y el contexto importan.
Un estudio publicado en Scientific Reports en 2024 comparó una caminata de 40 minutos en un entorno natural con otra urbana, controlando variables como el ritmo, la distancia, la frecuencia cardíaca y el gasto energético. Los investigadores observaron diferencias en la actividad cerebral y en variables relacionadas con el afecto y la atención, aunque también señalaron que los mecanismos detrás de estos efectos todavía no están completamente claros.
Esto ayuda a entender por qué una caminata tranquila por un parque puede sentirse diferente de caminar apurada por una avenida mientras revisamos el teléfono.
¿HAY QUE IRSE AL BOSQUE PARA SENTIR LOS BENEFICIOS?
No necesariamente. Y esta es probablemente la parte más práctica.
La investigación estudia distintos tipos de exposición a la naturaleza, desde bosques y parques hasta espacios verdes urbanos. Además, no todos los estudios encuentran exactamente los mismos efectos ni con la misma intensidad. Una revisión de 2024, por ejemplo, encontró resultados prometedores para distintas intervenciones basadas en la naturaleza, pero también señaló limitaciones importantes en la calidad y diversidad de los estudios disponibles.
Por eso, no hace falta convertir una caminata en un ritual complicado ni pensar que solo funciona si tenemos acceso a un paisaje espectacular.
Un parque cercano, una plaza arbolada o una caminata por un espacio con vegetación pueden ser una oportunidad para salir de la rutina y darle al cerebro un cambio de estímulos.
LA PRÓXIMA VEZ, PRUEBA CAMINAR SIN TANTA PRISA
Quizás el mayor desafío sea permitir que la caminata sea realmente una pausa. Dejar el celular guardado por unos minutos, mirar alrededor, prestar atención a los sonidos o simplemente caminar sin convertir el paseo en otra tarea pendiente.
No hay una cantidad de minutos que funcione mágicamente para todo el mundo. Algunas investigaciones han encontrado beneficios después de exposiciones relativamente breves, pero la duración, el tipo de entorno y las características de cada persona pueden modificar la experiencia.
La idea, entonces, es bastante simple: cuando la cabeza está saturada, cambiar de escenario puede ser una forma concreta de cambiar el ritmo.
Y quizás por eso esa sensación que muchas hemos experimentado después de caminar un rato —volver a casa un poco más despejadas, respirar distinto y sentir que las cosas parecen menos urgentes— no sea solo una impresión. La ciencia todavía está intentando entender exactamente por qué ocurre, pero cada vez hay más evidencia de que nuestro cerebro y nuestro cuerpo responden de manera diferente cuando les damos la oportunidad de pasar un rato entre verde, movimiento y menos ruido.
LO MÁS
ATRÉVETE
POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN
02 de octubre de 2026
POR ISIDORA LAURENT