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ESTÁ PASANDO
EL DULCE ORIGEN DE LOS HUEVOS DE CHOCOLATE EN SEMANA SANTA
POR MARÍA JOSÉ PEREIRA
02 de abril de 2025
Aunque hoy los huevos de Pascua se asocian principalmente con los niños, los conejos y las búsquedas en jardines, sus raíces históricas son mucho más profundas de lo que parecen. Esta tradición, que hoy se vive como un momento de dulzura y juego, tiene su origen en antiguos rituales ligados a la fertilidad, la renovación y el renacer de la vida.
Mucho antes del cristianismo, el huevo ya era considerado un símbolo universal de vida. En culturas como la egipcia, se asociaba al ave fénix, capaz de renacer de sus cenizas, mientras que en la tradición hindú se hablaba del “Huevo Cósmico”, origen del universo. En Europa, las celebraciones dedicadas a la diosa anglosajona Eastre marcaban la llegada de la primavera, y los huevos formaban parte central de estos rituales, incluso siendo enterrados como símbolo de fertilidad y abundancia.
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Con la expansión del cristianismo, muchas de estas tradiciones se adaptaron. Durante la Edad Media, los huevos adquirieron un nuevo significado dentro de la Pascua. En el período de Cuaresma, los fieles no podían consumir productos animales, por lo que los huevos que seguían produciéndose eran cocidos y guardados para ser consumidos al final de este tiempo, coincidiendo con la celebración de la resurrección. Así, el huevo comenzó a simbolizar también vida nueva y esperanza.
La costumbre de decorarlos tiene siglos de historia. Ya en el siglo XIII se registran huevos teñidos y ornamentados en las cortes europeas, donde incluso se cubrían con pan de oro como símbolo de lujo y celebración. Con el tiempo, esta práctica fue extendiéndose a distintos sectores de la sociedad, convirtiéndose en una tradición cada vez más popular.
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El gran giro llegó en el siglo XIX, cuando la industria chocolatera comenzó a transformar esta tradición en lo que hoy conocemos. Fue en 1875 cuando el británico John Cadbury creó uno de los primeros huevos de chocolate, marcando el inicio de una nueva etapa. La combinación de simbolismo, estética y sabor convirtió rápidamente a estos dulces en protagonistas de la Pascua moderna, expandiéndose desde Europa hacia el resto del mundo.
A esta historia se suma el conejo de Pascua, otro símbolo con raíces antiguas. En las culturas germánicas, el conejo representaba la fertilidad y estaba asociado a la misma diosa Eastre. Con el tiempo, esta figura se integró a la celebración cristiana y se popularizó especialmente en Estados Unidos gracias a los inmigrantes alemanes, quienes llevaron la tradición de un conejo que dejaba huevos para los niños.
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Hoy, esconder huevos y buscarlos en jardines o casas es una de las actividades más esperadas por las familias, combinando juego, tradición y encuentro. Más allá de su evolución, los huevos de Pascua siguen representando lo mismo que hace siglos: la vida, la renovación y la esperanza.
Así, lo que comenzó como un símbolo ancestral terminó convirtiéndose en una dulce tradición que cada año vuelve a reunir a generaciones en torno a una de las celebraciones más significativas del calendario.
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POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN