CIENCIA & SALUD
LIFTING DE LABIO: LA CIRUGÍA QUE TRANSFORMA LA SONRISA EN MILÍMETROS
POR ARACELLY ARRIAZA
08 de octubre de 2026
Frente al espejo, algunas mujeres reparan en un detalle que puede pasar inadvertido para los demás: al sonreír, sus dientes apenas se ven. No necesariamente es un problema de volumen o de forma del labio. A veces, la explicación está en algo mucho más simple: la distancia entre la nariz y el labio superior.
Cuando esa zona es más larga de lo habitual, el labio puede cubrir parte de los dientes incluso al hablar o sonreír. Con el paso de los años, además, la pérdida de elasticidad de la piel puede hacer que esta distancia se acentúe. Para estos casos existe el lifting de labio, una cirugía que busca elevar el labio superior y acortar visualmente el espacio que lo separa de la nariz.
Pero no todas las personas que sienten que tienen el labio “largo” son candidatas. El cirujano plástico Rodrigo Vielma, con más de dos décadas de trayectoria, explica cuáles son los criterios que se deben considerar antes de tomar una decisión.
LA CANDIDATA IDEAL
La cirugía de elevación del labio superior puede estar indicada en mujeres que presentan una distancia aumentada entre la base de la nariz y el borde superior del labio, en relación con las proporciones del rostro y del propio labio.
Según Vielma, en una sonrisa armónica el labio superior debería elevarse lo suficiente como para permitir la visualización de los incisivos centrales y, eventualmente, una pequeña cantidad de encía. Cuando el labio es más largo, puede ocurrir que los dientes prácticamente no se vean al hablar o sonreír.
Es una característica que puede hacerse más evidente con la edad. La piel pierde elasticidad y los tejidos tienden a descender. “Todo desciende en la vida”, resume el especialista para explicar cómo este proceso puede aumentar progresivamente la distancia entre la nariz y el labio.
Por eso, más que una edad determinada, la indicación depende de las características anatómicas de cada paciente y de sus proporciones faciales.
CUANDO EL LIFTING NO ES LA SOLUCIÓN
Hay situaciones en las que acortar la distancia entre la nariz y el labio no resolvería el problema. Una de ellas es la llamada sonrisa gingival, en la que al sonreír queda expuesta una cantidad importante de encía.
En estos casos, explica Vielma, el origen puede estar relacionado con una posición o desarrollo vertical del maxilar superior. Es decir, el problema no necesariamente está en el labio, sino en las estructuras óseas que determinan la relación entre los dientes, el labio y la encía.
Por eso, un lifting de labio no sería la alternativa adecuada. Dependiendo de la causa, la evaluación puede requerir la participación de un cirujano maxilofacial y, en determinados casos, considerar una cirugía ortognática para modificar la posición del maxilar.
La conclusión es importante: antes de pensar en una cirugía estética del labio, primero hay que determinar de dónde viene el problema.
¿QUÉ PASA SI YA HUBO BOTOX O RELLENO?
Haberse realizado previamente procedimientos como rellenos con ácido hialurónico o aplicaciones de toxina botulínica no necesariamente impide realizar un lifting de labio. Sin embargo, se trata de procedimientos que actúan sobre aspectos diferentes.
El relleno puede utilizarse para aportar volumen al labio, mejorar su definición o suavizar determinadas líneas alrededor de la boca. También puede modificar la apariencia del llamado filtro, la zona que conecta el labio superior con la nariz.
Pero si, después de esos procedimientos, la distancia entre la nariz y el labio continúa siendo excesiva, el especialista puede evaluar la posibilidad de un lifting. En ese escenario, señala Vielma, la intervención podría plantearse de manera más moderada.
UNA CIRUGÍA PEQUEÑA, PERO NO MENOR
La técnica consiste en retirar una cantidad cuidadosamente calculada de piel ubicada entre la base de la nariz y el labio superior. La resección suele diseñarse siguiendo una forma curva que puede recordar a unos “cuernos de búfalo”, con el objetivo de elevar tanto la zona central como las porciones laterales del labio.
El procedimiento se realiza en un plano superficial, por encima del músculo orbicular de los labios, trabajando principalmente sobre la piel y el tejido subcutáneo.
Como toda cirugía, tiene riesgos. Entre las posibles complicaciones se encuentran el sangrado, hematomas, infección o la apertura de la herida quirúrgica. Según Vielma, son complicaciones poco frecuentes cuando el procedimiento se realiza con una técnica adecuada y siguiendo las indicaciones de cuidado posteriores.
LA IMPORTANCIA DE UNOS POCOS MILÍMETROS
Si hay algo que distingue a esta cirugía de otros procedimientos estéticos es que una diferencia aparentemente mínima puede cambiar el resultado.
Una resección demasiado amplia puede dejar un labio superior excesivamente corto y alterar las proporciones del rostro. En el extremo contrario, una resección insuficiente puede no conseguir el efecto buscado.
La cicatriz es otro de los puntos críticos. La incisión se realiza en el borde inferior de la nariz y, cuando está correctamente ubicada y cicatriza bien, debería quedar disimulada en los pliegues naturales de la base nasal, de manera que resulte poco perceptible.
Por eso, la planificación es fundamental. La cantidad de piel que se retira se determina de acuerdo con las proporciones de cada paciente y con el objetivo que se busca conseguir. Pueden ser tres, cuatro o cinco milímetros, pero no existe una medida universal que funcione para todas.
ANTES DE DECIDIR
El lifting de labio puede ser una alternativa para determinadas personas, pero no debería plantearse como una solución genérica para mejorar la sonrisa. La anatomía facial, la relación entre labios, dientes, encía y maxilar, y las expectativas de cada paciente son parte de la evaluación.
Antes de decidir, también es importante considerar que la cirugía deja una cicatriz permanente, aunque el objetivo sea que quede pequeña y poco visible. Su evolución dependerá, entre otros factores, de la técnica quirúrgica y de la cicatrización individual.
La recomendación del especialista es clara: realizar una evaluación con un cirujano plástico acreditado, entender cuánto se pretende modificar y tener presente que, en una cirugía en la que la diferencia puede estar en unos pocos milímetros, menos puede ser más.
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