MUJERES AL VOLANTE
MUJERES AL VOLANTE: POR QUÉ CADA VEZ SE ATREVEN MÁS A ELEGIR UN AUTO ELÉCTRICO
REVISTA
05 de octubre de 2026
Durante años, elegir un auto parecía responder a una fórmula bastante conocida: tamaño, precio, rendimiento y, quizás, diseño. Pero las prioridades están cambiando. Hoy, para muchas mujeres, la elección de un vehículo también tiene que ver con tecnología, comodidad, seguridad, estilo y, sobre todo, con encontrar un modelo capaz de acompañar las distintas versiones de una misma persona.
Isabel Pastor maneja hace casi dos décadas la misma ruta: oficina, casa, oficina. Abogada y encargada en Chile de un reconocido estudio jurídico peruano, durante años lo hizo al volante de un SUV a combustión. Hasta que decidió cambiarlo por algo completamente distinto: un smart #3 Pro, cien por ciento eléctrico.
No fue una decisión racional ni planificada. Empezó por algo mucho más simple: el diseño. “Siempre me han gustado mucho los autos, pero desde la estética. La parte mecánica no es mi tema”, cuenta Isabel. Buscaba un SUV que no fuera ni muy grande ni muy pequeño, y las líneas limpias y modernas del smart #3 la conquistaron a primera vista.
Durante casi veinte años, cambiar de auto no había sido una prioridad. Su anterior SUV cumplía y era suficiente. Pero llegó un punto en que Isabel sintió que su vehículo ya no reflejaba del todo cómo vivía su día a día, entre audiencias, reuniones y la logística familiar. Ese pequeño quiebre fue el que abrió la puerta a mirar opciones distintas a las que siempre había considerado.
Lo que terminó de inclinar la balanza fue la tecnología. Para Isabel, cambiar de auto era también una oportunidad para actualizar su experiencia de movilidad. “Considero que cuando uno hace un cambio, ya sea de celular, de lo que sea, siempre hay que subirse a lo mejor que se pueda dentro del presupuesto de uno”, explica. Antes de comprarlo probó un vehículo eléctrico y quedó impresionada por su aceleración y suavidad: “La posibilidad de acelerar y avanzar de esa manera tan veloz me dejó impresionada. De verdad que fue increíble”, recuerda.
La vida cotidiana con un eléctrico asegura, cambió por completo. Uno de los beneficios más evidentes ha sido olvidarse de la bencina: “Ya me olvidé del tema. Si sube el precio, me es totalmente indiferente”, comenta. A eso se suma la tecnología integrada al vehículo —pantalla, funciones digitales, una conducción que se siente conectada con el presente—, algo especialmente valioso para una mujer que reparte su día entre reuniones, familia y vida personal.
La carga, uno de los mayores temores de quienes dudan en dar el salto a la electromovilidad, resultó ser una de sus comodidades favoritas. Isabel instaló un cargador en su casa y prácticamente no necesita detenerse en estaciones. “Lo cargo todo en la casa”, cuenta. Llega en la tarde, conecta el auto, y durante la noche queda cargando; a la mañana siguiente está listo. Una lógica distinta a la del auto tradicional: en vez de una parada para abastecer combustible, la carga se integra a algo que ya ocurre naturalmente, como estar en casa y dormir.
El mantenimiento es otro punto a favor. Según su experiencia, el vehículo eléctrico requiere muchas menos visitas al taller. “Sale mucho más económico que un auto tradicional, porque no pasa por el taller, salvo contadas ocasiones”, señala. Para una agenda tan exigente como la suya, eso se traduce en más tiempo para trabajar, estar con la familia o simplemente vivir el día a día.
Quizás lo más interesante de la experiencia de Isabel es que su auto no responde a una sola faceta de su vida. “smart es un vehículo que se adapta a todo lo que yo necesito”, resume. La mujer actual no busca necesariamente un vehículo que la represente en un solo rol: lo quiere para el trabajo, para la familia, para resolver el día y también para disfrutar de manejar. En ese sentido, el diseño también pesa: Isabel describe su smart como moderno, elegante y sobrio, lejos de lo ostentoso.
Para quienes además son madres, la seguridad es determinante. Isabel destaca especialmente la cantidad de airbags y la sensación de confianza que le entrega el auto, tanto en sus desplazamientos profesionales como cuando lleva a quienes más quiere. Esa tranquilidad, dice, es la que finalmente le permite disfrutar del auto sin pensarlo dos veces: subirse, manejar y avanzar.
Ese mismo criterio —seguridad, tecnología y diseño en un mismo paquete— es el que hoy la lleva a hablar del smart con la misma naturalidad con la que hablaría de cualquier otra decisión cotidiana. Ya no lo piensa como “el auto eléctrico”, sino simplemente como su auto.
Hoy se declara feliz con su decisión y no duda en recomendar el modelo a otras mujeres que todavía evalúan si dar el paso; de hecho, ya compartió su experiencia con una conocida interesada en comprar un smart. Porque elegir un auto eléctrico también puede significar elegir una experiencia más tecnológica, simplificar rutinas y encontrar un vehículo capaz de acompañar todas las versiones de quien está detrás del volante. Y, como demuestra Isabel, a veces atreverse a cambiar comienza simplemente por probar algo que nunca habías imaginado comprar.
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POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN