COLUMNISTAS

CUANDO UNA MUJER SE ESCUCHA, COMIENZA A BRILLAR

POR LUZ RIESCO ERRÁZURIZ

26 de junio de 2026

Me acuerdo la primera vez que una mujer me dijo, hace 3 años cuando yo recién estaba comenzando a atender, casi en susurro: “No soy feliz… pero debería serlo”.

Tenía todo lo que, desde afuera, parecía una vida lograda. Un buen cargo en una empresa reconocida, estabilidad económica, un hombre extraordinario a su lado, una rutina ordenada, 3 hijos maravillosos. Era de esas mujeres que todos describen como “exitosa”. Pero mientras hablaba, sus ojos no brillaban. Había algo apagado.

Y no era falta de capacidad. Era desconexión con ella misma, con su intuición.

Ese es el punto en el que muchas mujeres comienzan su verdadera historia. No cuando todo está mal, sino cuando todo está “bien” pero no se siente propio.

Ahí aparece una incomodidad difícil de explicar. Como usar una ropa que ya no te queda, aunque antes te encantaba. Y entonces empieza el diálogo interno: “¿Cómo voy a dejar esto?”, “¿Y si me equivoco?”, “¿Y si pierdo lo que tengo?”Pero también aparece otra voz, más suave, más honesta: “¿Y si esto no es todo?”

En las sesiones de coaching veo ese momento una y otra vez. Mujeres líderes, profesionales, creadoras, que han sostenido estructuras durante año y que un día deciden detenerse. No para rendirse, sino para mirarse.

En este acompañamiento, no les doy una solución mágica, sino que es espacio de encuentro. Un lugar donde dejar de exigirse respuestas inmediatas y comenzar a hacerse mejores preguntas. ¿Qué quiero hoy? ¿Qué me hace sentido? ¿Qué estoy dispuesta a cambiar para vivirlo?

Y ese gesto, aunque parezca pequeño, lo cambia todo.

Porque salir de la zona de confort no siempre es renunciar o empezar algo nuevo de inmediato. A veces es algo mucho más profundo: dejar de actuar en automático. Cuestionar lo que antes no se cuestionaba. Permitirse decir “esto ya no me representa, no me hace sentido, ya no estoy dispuesta”.

Recuerdo a otra mujer, periodista, con años de trayectoria en medios. Me dijo: “Siento que he contado muchas historias… pero me olvidé de la mía”. No dejó su trabajo de un día para otro. Pero empezó a escribir distinto. A decir lo que realmente pensaba. A mostrarse más. Y desde ahí, poco a poco, su vida empezó a moverse.

Eso es la reinvención. No es un salto al vacío sin red. Es un regreso progresivo a una misma.

El coaching, en ese proceso, no te dice qué hacer. Te devuelve a ti. Te ayuda a escucharte en medio del ruido, a identificar qué es miedo y qué es intuición, a sostenerte cuando aparece la duda.

Y algo muy lindo empieza a pasar cuando una mujer se alinea con lo que realmente quiere: deja de forzarse.

Empieza a elegir mejor. A decir que NO sin culpa. A tomar decisiones que antes parecían imposibles. Y desde ahí, su energía cambia. Su forma de vincularse cambia. Su manera de liderar cambia.

No porque se haya vuelto alguien distinta, sino porque finalmente está siendo quién es, quién siempre quiso ser.

Las mujeres que hoy admiramos, las que lideran empresas, las que inspiran desde los medios, las que construyen proyectos con propósito, no llegaron ahí por tener todo claro desde el inicio. Llegaron porque en algún momento se hicieron cargo de esa incomodidad interna y decidieron no ignorarla más.

Eligieron escucharse.

Y ese acto, que muchas veces es silencioso y lleno de miedo, es profundamente poderoso. Porque cuando una mujer deja de adaptarse a una vida que no le calza y empieza a construir una que sí, algo se destraba. Y no solo en lo profesional. Se abre espacio para el disfrute, para relaciones más honestas, para una vida más liviana. No es que todo se vuelva fácil. Pero sí se vuelve más verdadero.

Y desde ahí, inevitablemente, todo comienza a fluir.

A continuación, te comparto algunos de mis secretos para comenzar a reconectar con nuestras energías:

1. Escribe todos los días 5 cosas por las que das gracias

Aunque estés pasando un momento difícil, siempre existen cosas que sí están funcionando: tu cuerpo, una amistad, tener comida, un nuevo día, una oportunidad, un aprendizaje. Escríbelas en lápiz y papel cada mañana o antes de dormir. Cuando entrenas tu mente para enfocarse en lo que sí tienes, empiezas a cambiar tu energía y tu manera de mirar la vida.

2. Cambia conscientemente tu diálogo interno

Muchas veces somos nuestra crítica más dura. Empieza a observar cómo te hablas durante el día. En vez de decir “todo me sale mal”, cambia la frase por “estoy aprendiendo”. En vez de “no puedo”, prueba con “voy paso a paso”. Las palabras que repites crean la realidad emocional en la que vives.

3. Rodéate de cosas que eleven tu energía

Lo que consumes influye directamente en tu mirada. Escucha podcasts que te inspiren, lee libros que te hagan crecer, sigue personas que te motiven y pasa más tiempo con gente que te haga sentir paz. A veces cambiar nuestra mirada comienza cambiando el ambiente que alimenta nuestra mente todos los días.

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