COLUMNISTAS
CUBA BAJO ASEDIO
EL SIGUIENTE OBJETIVO DE TRUMP
POR MARIANNE SCHMIDT
26 de junio de 2026
LOS HECHOS HABLAN POR SÍ SOLOS
Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el Presidente Donald Trump anunció sin rodeos que ahora es el turno de Cuba. Cuatro meses después, Raúl Castro ya ha sido acusado penalmente por un tribunal en Florida.
En este corto tiempo, el mandatario norteamericano ordenó frenar totalmente el envío de petróleo venezolano a la isla que durante décadas se abastecía de miles de millones de barriles que recibía a cambio de servicios médicos, personal educativo y asesores de seguridad e inteligencia cubanos.
Además del histórico bloqueo norteamericano a La Habana, se suma la advertencia de Trump de que, si un país quiere ayudar a Cuba con el envío de combustibles, se le aplicarán importantes aranceles.
Este duro golpe lo vive día a día el pueblo que resiste con más precariedades que antes. Más escasez de alimentos, medicamentos y otros suministros básicos que se suman a los apagones prolongados de hasta 22 horas diarias. Esta situación generó una gran caída del turismo, que era la fuente económica más importante de las últimas décadas. De hecho, las cadenas españolas Iberostar y Meliá junto con otras de origen canadiense e indonesio ya anunciaron el cierre de la mayoría de sus hoteles. A ello se suma la suspensión de los vuelos de Iberia, Air France y Turkish Airlines con destino a Cuba. Y, como si fuera poco, los servicios financieros de Visa y Mastercard también llegaron a su fin en la isla.
Este éxodo corporativo sin precedentes en tan corto tiempo se debe a una orden ejecutiva que firmó Trump el 1 de mayo que sanciona a las personas y empresas que mantengan vínculos económicos con el Grupo de Administración Empresarial S.A., Gaesa, un consorcio militar y empresarial creado por Raúl Castro en 1995 y que maneja el 70% de la economía del país. Así es, Gaesa tutela directamente los ingresos de los hoteles, los puertos, las tiendas en divisas, las importaciones y exportaciones, la gestión de las remesas de los exiliados y las negociaciones financieras internacionales de la isla.
Y como nueva señal del endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba, la administración Trump incorporó a Miguel Díaz-Canel a la lista de personas sancionadas por Estados Unidos, elevando la presión directa sobre quien hoy encabeza el régimen cubano.
En medio de este complejo escenario se han desarrollado reuniones y conversaciones de alto nivel entre Washington y La Habana.
Uno de los encuentros más sorpresivos e inéditos fue la llegada del director de la CIA, John Ratcliffe a La Habana, quien se reunió con representantes del Ministerio del Interior, agentes de inteligencia cubanos y con Raúl Rodríguez Castro, nieto de Raúl, apodado, el cangrejo.
Pero no ha sido el único. En la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, una instalación militar estadounidense ubicada en el sureste de Cuba, el General Francis Donovan, Comandante del Comando Sur de Estados Unidos se reunió con altos mandos militares cubanos para abordar “cuestiones de seguridad operativa”.
Trump no ha ocultado su interés. Ha dicho que busca el fin de la dictadura comunista en Cuba, iniciada hace 67 años por el líder revolucionario Fidel Castro y continuada por su hermano Raúl tras su retiro del poder. El mandatario republicano declaró que Cuba es un “país fallido”, que está pidiendo ayuda y que los cubano-estadounidenses quieren regresar a su país y ayudar a que la isla prospere.
Nadie duda de que quien está detrás de esa idea y le ha presentado un plan, es su Secretario de Estado de origen cubano, Marco Rubio. Ambos plantean que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional de EE. UU. debido a la inestabilidad y la supuesta presencia de bases de inteligencia y espionaje de potencias extranjeras adversarias en la isla que se ubica a solo 145 kilómetros de distancia.
Mientras que, Miguel Díaz-Canel y su administración rechazan categóricamente esta postura. Sostienen que su país no representa ninguna amenaza militar o de seguridad para Estados Unidos y denuncia que la designación es un pretexto para justificar una política de asfixia económica.
RAÚL CASTRO, EL FUGITIVO
Raúl Castro de 95 años es un prófugo de la justicia y arriesga cadena perpetua o pena de muerte. Así es considerado por EE. UU. desde el 21 de mayo, un día después de que fuera acusado penalmente por el Departamento de Justicia. Ese país, literalmente desempolvó de sus archivos el caso del derribo de dos avionetas civiles por cazas militares cubanos el 24 de febrero de 1996. Según Estados Unidos, el incidente fue en aguas internacionales, sin embargo, Cuba asegura que estaban dentro de su territorio. En el ataque ordenado por Raúl murieron tres estadounidenses y un residente legal pertenecientes a una ONG llamada “Hermanos al Rescate” que socorría a los balseros que escapaban de la isla con destino a Florida.
Asimismo, se le imputan siete cargos en el Distrito Sur de Florida, que incluyen conspiración para matar estadounidenses, destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato por el derribo de aeronaves. Raúl respondió a través de una carta pública. Rechazó la medida calificándola de infamia y de acción política para justificar agresiones y denunció la actual política del gobierno de los Estados Unidos en su fallido propósito, que busca destruir la Revolución.
¿Qué dice la mayoría del pueblo? No lo sabemos a ciencia cierta. Miguel Díaz-Canel, quien hoy encabeza el régimen, movilizó a miles de personas para marchar en La Habana como muestra de apoyo al nonagenario guerrillero. Mientras que, la oposición continúa muy diversa, operando tanto desde el exilio como dentro de la isla, enfrentando una fuerte represión. Según Human Rights Watch hay más de 700 presos políticos en Cuba.
Lo concreto es que EE. UU. ya tiene un despliegue sin precedentes en el Caribe. El Comando Sur cuenta con tropas, destructores, un submarino de propulsión nuclear, el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima y ahora se sumó el portaaviones USS Nimitz, listo para actuar apenas reciban la orden.
Según datos de Flighradar24, la Armada y la Fuerza Aérea de EE. UU han ejecutado al menos 25 vuelos de reconocimiento cerca de Cuba desde el 4 de febrero, usando drones y aviones tripulados, replicando así patrones previos a operativos en Venezuela e Irán.
Nada de esto, al menos así lo han señalado, ha intimidado a Raúl o a Díaz-Canel. Ambos han afirmado que su país tiene el derecho absoluto y legítimo a defenderse de una arremetida bélica y han advertido que un asalto militar estadounidense provocaría un baño de sangre con consecuencias incalculables.
Aunque sabemos que sería una lucha de David contra Goliat, Cuba puso en marcha ejercicios militares a gran escala en todo el país con el objetivo de mejorar la preparación para el combate bajo el histórico lema: “Patria o Muerte, Venceremos”. El medio estadounidense Axios afirmó, citando fuentes de inteligencia, que Cuba adquirió más de 300 drones militares iraníes y rusos, que podría utilizar en caso de conflicto.
SON MUCHAS LAS INTERROGANTES
¿Trump quiere usar a Cuba para tapar su fracaso en Irán?
¿Quiere cumplir el deseo de una parte importante de su electorado cubano-estadounidense de terminar con la dictadura comunista de los Castro? “Otros presidentes han considerado esto durante 50, 60 años intentando hacer algo y parece que seré yo quien lo haga, así que estaría encantado de hacerlo”, afirmó Trump.
¿Un comando de élite va a capturar a Castro, al igual que a Maduro o atacará militarmente la isla?
¿Por qué China y Rusia, históricos aliados de Cuba se han mantenido en silencio?
Hay más preguntas que respuestas. ¿Será el 2026 el fin de casi 67 años de una revolución liderada por los Castro?
Solo Trump lo sabe, aunque lo más probable es que así sea, si mantiene su política exterior basada en la doctrina Monroe del 1800 en la que ve al hemisferio occidental en una zona exclusiva de influencia de Washington y que cualquier problema o influencia extranjera en Latinoamérica constituye un asunto de seguridad nacional.
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POR EQUIPO ATRÉVETE WOMAN